Dado el éxito que esta teniendo y que ahora mismo a la historia le queda bastante que contar he decidido alargarla un poquito más, espero os siga gustando. Por otra parte ahora mismo me encuentro escribiendo otro relato que poco tiene que ver con lo que habéis leido de mí... no cuento nada más pero cuando acabe Haces de Luz comenzará sin pausa el nuevo.
Como siempre muchas gracias por leerme.
HACES DE LUZ (5ª PARTE)
Sus padres ya
se han ido no sin antes advertirle que se porte bien y que cuidé de su abuelo,
ella sin ganas y con evidentes muestras de cabreo responde que si a todo y
procura que en sus besos se note su enfado. Y ahí están, los dos sentados en la
gran mesa de la cocina, su abuelo con los ojos aún llorosos y con unas negras
ojeras que se mezclan con las arrugas de su cara. Ambos se miran, ninguno
habla, Aurora coge su móvil, por supuesto esta sin cobertura, 15 días encerrada
en esta casa, 15 días cuidando de un hombre al que no conoce, 15 días guardando
libros y ropas en cajas que permanecerán apiladas en el desván durante años.
Aurelio no
puede mirar a su nieta, le recuerda demasiado a ella, a su Aurora. Cada vez que
sus miradas se cruzan sus ojos se inundan e intenta quitar la vista lo antes
posible. Además ya se ha dado cuenta de que la niña no quiere estar aquí,
desprecia el pueblo y todo lo que en él hay, y que más da que se marche y que me
deje aquí tranquilo, nadie le ha pedido que se quede, piensa el viejo para sí.
-
¿Querrás comer
algo?- pregunta Aurelio aún enfadado con sus pensamientos.
-
No - responde
fríamente la niña sin apenas mirarlo
-
¿Te vas a pasar
15 días sin comer? Bueno haz lo que quieras. Yo tampoco tengo hambre.
El viejo sale de la cocina y se va al
salón, la niña no levanta la cara de su móvil sin cobertura. La noche pasa
lenta en la casona, el frío cubre las lagrimas de los dos, uno llora por la
soledad, por el ser querido que se fue, la otra llora por la incomunicación por
la necesidad de hablar.
El frío impide dormir a Aurora, la manta
no le cubre el cuerpo y debe elegir si dejar la cara al aire o los pies, tiene
miedo, oye la contraventana chocar, una y otra vez. Coge el móvil, sabe que no
funciona pero necesita la pantalla iluminada, escribe mensajes que sabe que no
podrá enviar, le cuenta a sus amigas el día, la noche y lo que pasará mañana,
habla de chicos, de fiestas y de clase y después borra el texto.
La soledad impide dormir a Aurelio, el
otro lado de la cama esta frío, demasiado frío. La almohada aún huele a ella,
él no puede dejar de mirarla, impregnarse de su aroma. Recuerda la mano de
Aurora recorriéndole la cara, se ve a sí mismo besándole la frente. Comienza a
hablar, le cuenta a la almohada lo bien que ha salido todo, lo guapa que esta
su nieta, pero ante todo le dice lo mucho que la echa de menos.
Los haces de luz indican el amanecer, la
noche ha sido larga para los dos ninguno ha dormido.
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